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Pegando la Hebra (17/05/18)

Hoy en ‘Pegando la Hebra’

Hoy en Pegando la Hebra hemos rendido a la más grande soprano de la historia, María Callas. Rafa le da la play y suena la melodía del lamento y la belleza interior: Casta Diva, “Pura diosa, que con tu esplendor de plata, iluminas estos antiguos y sagrados bosques, vuelve hacia nosotros tu hermoso semblante, sin nube y sin velo”. María Vicenta se viste de largo para darnos la agenda cultural con la pura diosa de fondo y el anuncio de entrevistas con algunas primas donna de la cultura valenciana.

En el primer acto, recibimos a Amelia Pérez de Villar, traductora, editora y escritora, que nos presentó su nueva novela «Mi vida sin microondas» (Fórcola Ed.). Amelia tiene una risa fresca que pespuntea su relato. —El libro engancha porque son situaciones cotidianas “ma non troppo”. Una novela de barrio, una panadería alemana, una floristería y Klaus, cómplices de Amelia para ti.

En el segundo acto, una soprano cultural, miembro del Consell Valencià de Cultura, escritora, docente y poeta, Ana Noguera que nos habló de un acto que modera hoy: Una tertulia con una mirada de genero para darles voz a un coro de mujeres valiosas, luchadoras a las que une una voluntad de transformación de la sociedad y sobre todo, la creación. Ana la economista que escribe versos, la elegancia en la trinchera. Hoy la vestimos de verano, María Callas, Summertime.

Y en intermezzo del programa, con los trinos de la Reina de la Noche de María Callas, tenemos el placer de escuchar a Ana Añón Roig, una mezzo soprano de registros infinitos. Escritora, experta en gestión del talento y neurocreatividad, ingeniera informática, docente, bailarina y poeta premiada. —En resumen, soy curiosa, nos dice. Ana arranca un oxímoron: el enfoque líquido, para describir los talleres que dirige, parafraseando a Bauman. Pero es ella quien encierra varios oxímoron. Del lenguaje binario a los versos y relatos. De su voz queda y vulnerable emerge la convicción y la solidez de criterio. De la sencillez de una pareja de perlas japonesas en sus lóbulos, su melena rubia y su blusa blanco roto, se intuye la complejidad emocional de una mujer poliédrica. El talento de ciencias con la emoción de letras. Juan Mi y Ana nos leen su premiado relato corto, «Póquer». Angelitos Negros que han visto a Ana de mil maneras: con tutú y zapatillas pointé, con bata blanca o tiza en mano, tacones de ejecutiva, y que hoy nos trajeron su nuevo libro de poemas infantiles,  «Alaridos».

Y en el acto final vestimos a un filólogo de barítono, que cuando toma el micrófono ya nos desarma. —Los hados están a nuestro favor, me recibís con Orfeo y Eurídice y la Callas, ¡Qué haría yo sin Eurídice! Juan Ramón Barat nos presenta «La noche de las gárgolas», su quinta novela de la saga juvenil de misterio que protagoniza Daniel Villena, un joven investigador. Juan Ramón ya estuvo aquí y defendió el papel del profesor como activista cultural, papel que ejerce con la pasión de la misma Eurídice.

Reivindica el buen nombre de la literatura juvenil y los prejuicios de ciertos profesores para recomendarlo a los jóvenes. —Alicia, Robinson Crusoe o Gulliver nacieron como literatura juvenil y hoy son clásicos. Barat tiene el aire de profesor de la República. Como salido de la institución libre de Enseñanza. Su vena docente, vocacional, convive entre su lucida frente despejada, sus cejas sonrientes y sus manos. Manos que se unen, explican, vuelan y acotan ejemplos de literatura universal que nos atrapan en su discurso falsamente ligero. —Una vez me dijeron has conseguido que hasta los malotes de la clase lean un libro.

Sonreímos con su anécdota, —Yo soy mejor que Lope de Vega, porque cuando llegué a un colegio de Madrid donde los chavales de 14 años se les obligaba a leer Fuenteovejuna, y les di a leer mi libro, y me dijeron: — ¡Ya era hora!, Barat es mejor que Lope”.

Cae el telón y no todo está perdido. La emoción de María Callas es tan efímera como perpetua. Nuestras sopranos culturales de hoy y el barítono nos dieron el do de pecho, la pasión por inocular el virus de la cultura, armonías para excitar la imaginación, y sobre todo, creaciones para descubrir, para alimentar la gran premisa del conocimiento: la curiosidad.

“Una extraña escalera de piedra bajaba en espiral hacia la oscuridad”, lee Barat. Porque Pegando la Hebra, si no es luz, al menos aspiramos a ser luciérnagas. Gracias, hebreros amantes de la Callas, gracias por vuestra curiosidad.




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